La sociedad civil como palanca de la calidad educativa

Isabel Diez Uriarte

Se habla constantemente de que la educación es la base de una nación, el fundamento de su progreso y, por ello, debe de estar en el centro de la agenda política. Ahora bien, también hemos de decir que la educación no sólo es tarea del gobierno. De hecho, Andrés Oppenheimer nos dice en su libro “¡Basta de Historias!”, que “la educación es algo demasiado importante como para ser dejada en manos de los gobiernos” (2010). De allí que la educación es tarea de todos. Y la sociedad civil tiene un papel clave en este proceso fundamental.

            Leis la define a la sociedad civil de la siguiente manera: “Es un espacio de autonomía, de capacidad de propuesta que un sector de la sociedad, diferente al Estado (gobierno) y al mercado (fuerza económica), logra plantear un intento regulador de las otras instancias”. Y continúa diciendo que se trata de “esa parte organizada que se mueve y juega un papel de proponer y de regular lo que debe cumplirse ante la sociedad” (citado en Bazdresch; 2000: 53).

            En efecto, la sociedad civil está compuesta por miembros de la sociedad que se han unido con un propósito definido. Se trata de un espacio en donde los ciudadanos tienen voz y voto, en donde pueden generar propuestas y ser escuchados, en el que coordinan acciones para mejorar su entorno y transformarlo con vistas a un cambio sistémico. La sociedad civil, podríamos decir, es la apropiación de nuestro rol como ciudadanos, en donde nos conocemos e identificamos como tales y decidimos intervenir en favor de nuestra comunidad.

            Es preciso aclarar que la sociedad civil por ningún motivo busca remplazar o sustituir a las demás esferas y no pretende obtener el poder político. Al contrario, como lo menciona Morales:

No hay contradicción entre un Estado fuerte y una sociedad civil fuerte, incluso entre un mercado desarrollado, un Estado fuerte y una sociedad fuerte. Ése es el tipo de democracia al cual deberíamos de aspirar; es decir, la participación de las organizaciones civiles en la acción política no tiene por qué debilitar ni sustituir a los partidos políticos, más bien, eso debería de fortalecerlos en la medida que el ámbito de la sociedad civil sea una zona específica y el ámbito de la acción política sea tanto especifico como complementario. (Bazdresch; 2000: 54)

            Como podemos ver, se trata de distintas piezas clave que se complementan entre sí y buscan trabajar hacia el logro de objetivos comunes.

Ahora bien, los miembros de la sociedad civil se agrupan en organizaciones con propósitos claros y definidos. Características importantes a mencionar sobre las organizaciones de la sociedad civil incluyen las siguientes:

  • No buscan el lucro. Se trata de organizaciones cuyos ingresos son destinados al desarrollo de sus mismos proyectos.
  • Su objetivo es crear un impacto social benéfico.
  • Son organizaciones estables, que cuentan con al menos un grado mínimo de estructura, personalidad jurídica y capacidad legal.
  • Cuentan con autonomía institucional; es decir, que son independientes de gobiernos, instancias gubernamentales o cualquier otra ajena a la organización.
  • Tienen contacto directo con las poblaciones, se adaptan a sus necesidades y consideran a los receptores como actores de su propio desarrollo.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la sociedad civil organizada tiene tres funciones primordiales, con las que busca la transformación social (UNESCO; 2004):

  1. Proveen servicios cuando la actuación del Estado es ausente o insuficiente. Esto resulta efectivo, nos explican, ya que las organizaciones sociales son más flexibles y son más cercanas a la sociedad. Buscan la participación de la comunidad, empoderar a las personas, alfabetizar, educar y favorecer la salud, entre otros aspectos.
  2. Innovan y son la fuente de prácticas y pensamientos novedosos, ya que un punto fundamental es saber evolucionar y responder al cambio.
  3. Fungen como críticos informados y defensores de una gran variedad de causa. En efecto, parte importante de su participación consiste en formular, implementar y monitorear la política pública. “Los ciudadanos organizados son fundamentales para posicionar temas en el debate público y para proponer e implementar soluciones” (Covacevich y Pérez; 2014).

Es así como las organizaciones de la sociedad civil acercan las preocupaciones de los ciudadanos al gobierno, vigilan que las políticas, programas y acuerdos se cumplan, impulsan a las personas a participar, dan alerta temprana de los problemas que aquejan a la sociedad, responden a situaciones de emergencia y crean campañas de sensibilización de la opinión pública. De hecho, dice Bazdresch, “se asocia mucho el avance de la democracia con la creciente evolución de la sociedad civil, su organización y su participación” (2000: 53).

En México y en el mundo, la sociedad civil juega un papel importante en la búsqueda del desarrollo, la cooperación y el bienestar de la población. Por ello, un tema que resulta fundamental y al que muchas organizaciones dedican sus esfuerzos es precisamente la educación.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece a la educación como un derecho inalienable al que todos deben tener acceso. “La educación es un derecho humano fundamental. Es la clave para el desarrollo sustentable, la paz y la estabilidad dentro de una nación y entre naciones, y por ende, un medio indispensable para la participación efectiva en las sociedades y economías del siglo XXI” (UNESCO; 2000: 8).

Y es que, a pesar del gran camino ya recorrido, todavía tenemos muchos retos en educación: lograr la cobertura universal, es decir, que efectivamente todos los niños y jóvenes que tengan que estar en la escuela, allí estén; alfabetizar a millones de adultos aún iletrados; alcanzar la equidad educativa para evitar toda aquella discriminación que pueda permear en el sistema educativo, así como asegurarnos de que el éste por ningún motivo sea un generador de desigualdades; lograr que todos los estudiantes reciban una educación de la más alta calidad; generar espacios de participación; generar sinergias entre el mundo de la escuela y el mundo del trabajo; garantizar que cada niño y joven mexicano esté equipado con las competencias necesarias para enfrentar los desafíos de una sociedad del conocimiento; entre otros.

Hoy más que nunca, es imperativo que cada individuo desarrolle las competencias básicas de aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir. Necesitamos formar personas “bien informadas y profundamente motivadas, provistas de sentido crítico y capaces de analizar los problemas de la sociedad, buscar soluciones para los que se planteen, aplicarlas y asumir responsabilidades sociales” (UNESCO; 1998: 3)

Ante este enorme reto, es evidente que “la educación es un asunto de interés colectivo y requiere de la atención, compromisos y esfuerzos de diferentes actores” (Treviño; 2012: 5). La cooperación entre todos los involucrados es esencial para alcanzar los objetivos a los que todos aspiramos. Como la UNESCO también lo afirma, “el rol indispensable del Estado en la educación debe ser complementado y apoyado por alianzas educativas audaces y comprensivas en todos los niveles de la sociedad” (2000: 12).

            Ésta es una realidad que ya estamos viviendo en nuestro país:

En México encontramos cada vez más actores no gubernamentales, que de manera gradual intervienen para fortalecer el sistema educativo, ya sea, recibiendo y administrando recursos públicos para implementar proyectos o aportando recursos privados para mejorar la infraestructura y la enseñanza en las aulas, pero generalmente intentando construir alianzas públicas. (Verduzco y Tapia; 2012: 4)

Se necesita del trabajo de todos los actores dentro de la sociedad –gobierno, empresarios, sociedad civil, agentes educativos– para complementar y unir esfuerzos y lograr un verdadero cambio educativo.

Fuentes de consulta:

BAZDRESCH, Miguel. (2000). Sociedad civil, una forma de educación cívica en “Sinéctica”. (No. 16). México: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Oriente (ITESO).

COVACEVICH, Catalina y PÉREZ, Marcelo. (2014). La sociedad civil se compromete. Banco Interamericano de Desarrollo. URL: http://blogs.iadb.org/educacion/2014/ 10/23/la-sociedad-civil-el-actor-invisible-2/ [Fecha de consulta: 26 de noviembre de 2014].

OPPENHEIMER, Andrés. (2010). ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro. México: Debate.

ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA. (1998). La Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y acción. UNESCO.

ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA. (2000). The Dakar Framework for Action. Education for All: Meeting our Collective Commitments. UNESCO.

ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA. (2004). Civil Society. UNESCO. URL: http://www.unesco.org/education/efa/ partnership/civil_ society.shtml [Fecha de consulta: 24 de noviembre de 2014].

TREVIÑO, Ernesto. (2012). El papel de la sociedad civil organizada como agentes de cambio en la política educativa y como destinatarios de mecanismos de rendición de cuentas en “Renovar el Federalismo Educativo: Agenda de Reforma para México a 20 años de la federalización educativa”. México: Centro de Investigación y Docencia Económicas.

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