¿Qué hace a un buen maestro?

Olviden los uniformes elegantes y las clases pequeñas. El secreto para conseguir notas espectaculares y estudiantes exitosos son los profesores. Un estudio estadunidense encontró que en sólo un año de enseñanza, el 10% de los mejores profesores logran obtener de sus alumnos tres veces más aprendizajez , que lo que logran el 10% que obtuvieron el peor desempeño. Otro estudio sugiere que, si los estudiantes negros fueran enseñados por una cuarta parte de los mejores maestros, la brecha entre el desempeño entre ellos y los estudiantes blancos desaparecería.

Pero los esfuerzos para asegurar que todos los profesores puedan enseñar se ven obstaculizados por el mito tentador de que los mejores profesores nacen, no se hacen. Los héroes de las aulas como Robin Williams en “El club de los poetas muertos” o Michelle Pfeiffer en “Mentes Peligrosas” son dotados de poderes inspiracionales excepcionales e innatos. Políticas de gobierno, que frecuentemente parten de la misma hipótesis, buscan mejorar los estándares docentes atrayendo graduados de alto rendimiento a la profesión, forzando a los malos profesores a desertar. Mientras tanto, los Sindicatos de profesores insisten que sólo si sus miembros fueran liberados de la dictadura centralista, se daría lugar a la excelencia.

La premisa de que la habilidad docente es algo que tienes o no es un error. Una nueva clase de formadores de maestros está encontrando la estricta ciencia de la pedagogía. El objetivo es transformar a los profesores comunes en profesores excelentes, justo como los entrenadores deportivos ayudan a los atletas en todas sus habilidades para perfeccionar su mejora personal. Haciendo esto bien, revolucionaremos las escuelas y cambiaremos vidas.

¿Quién le va a enseñar a los profesores?

La educación tiene un historial de sacudidas ocasionadas por soluciones milagrosas. Las mejores de ellas incluso han hecho algo bueno. Teach for America, y las docenas de organizaciones que han inspirado a otros países, han traído nuevos graduados proactivos y ambiciosos a la profesión. Además, el despido de maestros con bajo desempeño ha mejorado los resultados tanto en Washington, D.C. como en cualquier otro lugar. Pero cada propuesta tiene sus límites. La enseñanza es una profesión de masas: no se puede tener a todos los mejores graduados año tras año. Cuando los malos profesores son despedidos, se necesitan reemplazos (los cuales habrán sido formados en el mismo sistema que no pudo hacer a sus predecesores los mejores profesores).

En contraste, la idea de impulsar al profesor promedio podría revolucionar la profesión por completo. Alrededor del mundo, algunos profesores están suficientemente preparados antes de dar clases a los niños en un aula. En los países pobres, muchos reciben muy poca formación docente. Un reporte reciente encontró que hay 31 países en donde más de la cuarta parte de los docentes evaluados, están por debajo de los estándares mínimos nacionales. En los países ricos, el problema es más sutil. Los profesores se califican a través de un largo curso de especialización, el cual a menudo incluye ligeras discusiones teóricas (en ecopedagogía, posiblemente, u otros cursos irrelevantes ). Algunos de ellos, incluyendo las maestrías en educación, no tienen ningún efecto en qué tan buena será la práctica docente de los graduados.

Lo que los maestros no alcanzan a aprender en las universidades o en los colegios de formación para maestros, rara vez lo aprenderán en las aulas. Se convierten en mejores maestros los primeros años cuando se enfrentan a alumnos reales en salones reales, pero después estas mejoras disminuyen. En gran parte, esto se debe a que las escuelas abandonan a sus estudiantes más importantes: los mismos profesores. En dos quintos de los países más ricos de la OCDE, los profesores afirman nunca haber tenido la oportunidad de aprender observando a otros profesores dar clases o haber recibido retroalimentación de otros profesores.

Aquellos que pueden, aprenden.

Si esto queremos que cambie, los profesores necesitan aprender a transmitir el conocimiento y preparar a las mentes jóvenes para recibirlo y retenerlo. Los buenos profesores se fijan metas claras, hacen cumplir los altos estándares de comportamiento y utilizan el tiempo en el aula de forma inteligente. Usan técnicas instruccionales probadas y recomendadas para asegurarse de que todas las mentes trabajen todo el tiempo; por ejemplo, generando preguntas en el salón a estudiantes aleatorios en lugar de apoyarse en la participación de los mismos estudiantes que levantan la mano.

Es más fácil decir que desarrollar estas técnicas. La enseñanza es una habilidad compleja, el camino para su dominio es complicado, pero no imposible, partiendo de guiar la práctica a través del conocimiento de la materia y los métodos pedagógicos. Los aprendices necesitan pasar más tiempo en las aulas. Los lugares donde los estudiantes tienen mejores resultados; por ejemplo, en Finlandia, Singapur y Shanghái, preparan a los maestros novatos a través de prácticas profesionales exigentes. En Estados Unidos las escuelas autónomas de alto rendimiento forman a los docentes en el aula y los acompañan con retroalimentación y coaching.

Las instituciones de formación docente necesitan ser más estrictas (como hace un siglo en las escuelas de medicina cuando se incrementó la calidad de los doctores introduciendo un currículo sistemático y experiencia clínica). Es esencial que los colegios de formación docente empiecen a recolectar y publicar información sobre cómo se desempeñan sus graduados en el aula. Los cursos que producen maestros que hacen muy poco o nada para mejorar el aprendizaje de sus alumnos deberían de dejar de recibir subsidios o dejar de ver a sus graduados como maestros; sólo así mejorarían para sobrevivir.

También se necesitan grandes cambios en las escuelas para asegurarnos que los profesores mejoren a través de su experiencia. Los instructores de las mejores escuelas perfeccionan su trabajo a través de la observación y el coaching. Ellos aceptan la retroalimentación crítica (la cual no resisten sus sindicatos, la reciben puesto que es indispensable para mejorar el desempeño de un trabajo tan importante). Los mejores maestros titulares toman de la mano a los novatos dándoles planes de sesión de alta calidad y supliéndose con los maestros más calificados cuando necesitan estudiar y practicar.

El dinero es menos importante de los que pensamos. Los maestros más destacados de Finlandia, por ejemplo, ganan el promedio de sueldo de la OCDE. Pero para asegurarnos que los mejores permanezcan en el aula, en ocasiones, en algunos lugares significa pagarles más. Las personas que se encuentran frente al aula, generalmente, no perciben aumentos de sueldo. Mayor flexibilidad en los sueldos, atraería, fácilmente, a los mejores docentes en las peores escuelas.

Mejorar la calidad del profesor promedio puede incrementar el prestigio de los docentes, creando un ciclo virtuoso en el que los graduados más talentosos buscarán unirse. Pero los mayores beneficios vendrán de preparar mejora a los nuevos maestros y formando a los que ya se encuentran en el aula. La lección es clara, sólo se necesita enseñar.

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